Una luz tenue ilumina la habitación, estoy desnuda, recostada sobre una cama de sábanas blancas, y en la mano sostengo una fresca copa de cava. Él sale de la ducha con una toalla que le envuelve la cintura, se detiene ante mi y yo, pausada, le lanzo mi mejor mirada felina.
Caemos en la cama entrelazados, me besa, me muerde, me embiste. Yo gimo, él suspira, y ambos nos abrazamos la piel sudada. En medio de la batalla, frente a nosotros, diviso un espejo que nos observa sin pudor. Me descubro poderosa y más bella que nunca. Mi cuerpo pequeño y delicado resplandece, veo mi piel blanca brillar y mi espalda se arquea dibujando una peligrosa curva que culmina en mis redondos glúteos. Los botones de mis pechos parecen fresas maduras, listas para ser devoradas.
También le veo a él. Detrás de mi, casi echándoseme encima, hay una bestia. Su cara me habla de placer, de furia y pasión, de secretos que sólo se cuentan los amantes y se guardan entre las sábanas. Me posee, soy suya, pero decide someterme un poco más. Volvemos a unirnos, pero esta vez siento un ligero dolor que poco a poco va desapareciendo dando paso a sensaciones que me hacen perder la cabeza. Ya no hay mente, sólo hay cuerpo, cuerpos gozando en una espiral de locura. Me deshago, y él se deshace cayendo sobre mi. No quiero que se mueva, me gusta sentirle dentro.
Poco a poco voy recobrando la serenidad, levanto la cabeza y allí está, ese espejo desvergonzado. Me miro y tengo el pelo deshecho, el maquillaje corrido... Que bella estás, Anna.
lunes, 27 de febrero de 2012
sábado, 4 de febrero de 2012
Calor
Me gustan las citas en los días fríos, esos en los que te gustaría quedarte en casa resguardada bajo una manta. Miro la calle a través de la ventana del taxi y veo a la gente caminar deprisa, agarrándose a sus abrigos, y no puedo evitar sonreír al pensar que poco antes estaba desnuda, y que mi piel brillaba por el sudor.
Un beso, un sólo roce entre dos labios es suficiente para disparar el calor y que nada más importe. Ni el viento, ni la lluvia, ni los pies fríos, ni la piel sin nada que la proteja. Me cubren unas manos extrañas, ardientes.
Feliz ola de frío...
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